miércoles, 24 de abril de 2013

Busca el narrador- ejercicios de Queneau

Busca el narrador ¿1ª o 3ª persona? ¿externo o personaje? 
Díme lo que es....

Ignorancia


Yo, no sé qué quieren de mí. Pues sí, he cogido el S hacia mediodía. ¿Que si había gente? A esa hora, por supuesto. ¿Un joven con sombrero de fieltro? Es muy posible. Aunque yo no miro descaradamente a la gente. Me importa un pito ¿Una especie de galón trenzado? ¿Alrededor del sombrero? Comprendo, una curiosidad como otra cualquiera, pero, desde luego, no me fijo en eso. Un galón trenzado... ¿Y se habría peleado con otro señor? Cosas que pasan.
Y, además, ¿tendría que haberlo vuelto a ver otra vez una o dos horas más tarde? ¿Por qué no? Hay cosas aún más raras en la vida. Precisamente, recuerdo que mi padre me contaba a menudo que...


Pretérito perfecto


He subido en el autobús de la puerta Champerret.
Había mucha gente, jóvenes, viejos, mujeres, soldados.
He pagado mi billete y he mirado después a mi alrededor. No era muy interesante. Sin embargo, he acabado fijándome en un joven al que le he encontrado el cuello demasiado largo. He examinado su sombrero y me he dado cuenta de que en lugar de una cinta llevaba un galón trenzado. Cada vez que ha subido alguien, ha habido bullicio. N o he dicho nada, pero el joven de cuello largo ha interpelado a su vecino. No he oído lo que le ha dicho, pero se han mirado con malos ojos. Entonces, el joven del cuello largo se ha ido a sentarse precipitadamente.
Volviendo de la puerta de Champerret, he pasado por delante de la estación de Saint-Lazare. He visto al tipo de marras que discutía con un amigo. Y éste le ha señalado con el dedo un botón justo encima del escote del abrigo. Después el autobús donde yo iba se ha marchado y no los he visto más. Yo iba sentado y no he pensado en nada.


Presente


A mediodía, el calor se expande en torno a los pies de los viajeros del autobús. Como, colocada sobre un largo cuello, una cabeza estúpida, adornada con un sombrero grotesco, se acalora, al instante se arma la gresca. Pero todo se queda, enseguida, en una atmósfera tensa por conservar en el aire, aún demasiado vivos, graves insultos. Entonces, uno va a sentarse adentro, al fresco.
Más tarde pueden formularse, delante de estaciones de doble dirección, preguntas sobre indumentaria, a propósito de algún botón que unos dedos grasientos de sudor manosean con seguridad.


Pretérito indefinido


Fue a mediodía. Los viajeros subieron al autobús.
Hubo apreturas. Un señor joven llevó en la cabeza un sombrero rodeado por un cordón, no por una cinta.
Tuvo un largo cuello. Se quejó a su vecino de los empujones que éste le infligió. En cuanto vio un sitio libre, se precipitó sobre él y se sentó.
Lo vi más tarde delante de la estación de Saint-Lazare. Se puso un abrigo y un compañero que se encontró allí le hizo esta observación: fue necesario poner un botón más.


Imperfecto


Era a mediodía. Los viajeros subían en el autobús.
Había apreturas. Un señor joven llevaba en la cabeza un sombrero que estaba rodeado por un cordón y no por una cinta. Tenía un largo cuello. Se quejaba a su vecino por los empujones que éste último le infligía.
En cuanto veía un sitio libre, se precipitaba sobre él y se sentaba.
Lo veía más tarde, delante de la estación de Saint-Lazare. Se ponía un abrigo y un compañero que se encontraba allí le hacía esta observación: hacía falta poner un botón más.


Dios de Juan José Millás

Dios
http://www.youtube.com/watch?v=mJWyeVBqZS0 


Cuento de Navidad

http://www.youtube.com/watch?v=uayIhV2yt9Q



Un articuento tiene algo de cuento fantástico ¿Puedes averiguar de qué se trata?

lunes, 22 de abril de 2013

Exposición en el Muvim

http://www.muvim.es/user_page_298.wbe?id=1458


image

La animación con plastilina o objetos maleables es una 

variación del stop motion. 

Este tipo de animación es casi tan antiguo como el cine.

 Solo recordar el Viaje a la luna (1902), y

King Kong (1933)

miércoles, 10 de abril de 2013

Cuento infantil de Ecuador




La brujita caprichosa

Katrina era la brujita más caprichosa y pedigüeña que se podía imaginar. Todo lo quería al momento y sin esfuerzo, y no dudaba en gritar y patalear para conseguir lo que fuera. Tanto, que de vez en cuando su papá agitaba la varita para concederle alguno de sus deseos. Hubo un día en que su papá estuvo tan concentrado en una de sus pociones que salió a toda prisa y olvidó la varita sobre la mesa. Así que la pequeña bruja no tardó en poner a prueba su magia.
Aquello era como un sueño para Katrina. La brujita no dejó de usar la varita mágica ni un solo momento, y ante ella aparecieron vestidos de princesa, príncipes encantados, duendes, animales y todo tipo de objetos mágicos y maravillosos, tantos como le dio tiempo a desear en un solo día.

A la mañana siguiente, un murmullo de quejas y lamentos despertó a Katrina. Adormilada, se asomó a la ventana, y apenas podía creer lo que veía: cientos de seres y criaturas del bosque protestaban enfadadísimos ante su casa. Caminó hasta la puerta y les preguntó qué deseaban.

- ¡Has secuestrado a mi tío! - gritaba un duende.
- Devuélveme mi dragón- protestaba un ogro.
-.¡Ahí está mi corona!- decía una dulce princesa.

Y así, todos cuantos se agolpaban a su puerta habían acudido allí para que Katrina les devolviera aquellas cosas que había hecho aparecer en su casa el día anterior, pues todas les habían desaparecido a sus propietarios. Algunos habían sufrido problemas muy gordos, y Katrina se sintió fatal por haber causado aquel estropicio.

Así, formaron una gran hilera, y uno a uno, les fue devolviendo todo lo que había hecho aparecer el día anterior, pidiendo disculpas por no haber pensado en las consecuencias de sus caprichos, y prometiendo su ayuda para reparar todos los daños que hubiera causado. Cuando, bien entrada la noche, le llegó el turno al último de la fila, Katrina descubrió con miedo que era su padre, quien venía a recuperar su varita.

Pero ya no estaba enfadado, porque gracias a aquella travesura, Katrina había aprendido que las cosas hay que conseguirlas con esfuerzo, porque nunca aparecen como por arte de magia, sino que siempre salen del trabajo y dedicación de alguien.

martes, 9 de abril de 2013

Historias del platanero

                                    
                          HISTORIAS DEL PLATANERO

La avaricia no es nada buena. Y si no, que se lo pregunten a la mona protagonista de este cuento. Quiso quedarse con la parte del platanero más grande pero menos útil y, después, lo pagó con la buena tortuga. Aunque, al final, no se salió con la suya. 


   Erase una vez un tranquilo río en Filipinas. En uno de sus márgenes, una bonita tortuga estaba descansando. Contemplando el paisaje, observó que la corriente arrastraba un platanero, el árbol cuyo fruto son los plátanos.Ni corta ni perezosa, la linda tortuguita se lanzó al agua y nadó hasta alcanzar el árbol. Después, lo arrastró hasta la orilla.Una vez fuera del agua, la tortuga se dio cuenta de que sus fuerzas eran limitadas y que debía pedir ayuda si quería llevarse el platanero a casa. La encontró en la mona, aunque con condiciones.

-Sólo te ayudaré si me das la mitad del árbol- dijo el simio.

La tortuga aceptó de buen grado la proposición y le dio a elegir. La mona se quedó con la parte superior, la de las hojas, porque era más grande y, aparentemente, mejor. Pero la tortuga fue más lista: prefirió la de abajo, que era la que tenía las raíces.Al poco tiempo, la mona vio cómo cada vez su parte estaba más seca. La tortuga, por su parte, plantó la suya y pronto se llenó de hojas, flores y plátanos.La mona se moría de envidia. Y tan sólo tuvo que esperar a que la tortuga le volviera a pedir ayuda para vengarse. La tortuga no podía trepar para coger los plátanos, así que tuvo que recurrir a la mona. Pero, ésta, en vez de cogerle los plátanos, se los iba comiendo y tirando encima a la tortuga. La tortuga, asustada, corrió a esconderse. Tenía miedo y le dijo a la mona que hiciera con ella lo que quisiera.

 - Hazme lo que quieras, pégame si quieres, pero no me tires al agua- señaló la pobre reptil.

La mona, poco lista, cayó en la trampa y lanzó al agua a la tortuga. Pensaba que sería un castigo para ella, pero no. Las tortugas, en el agua, no tienen competencia. Así, que la buena de la tortuguita pudo escapar de las garras de la malísima mona.